El aguardiente de Jerez en las antiguas zambombas

POR JOSÉ CASTAÑO RUBIALES.- Cuando comienzan a sonar las antiquísimas y típicas zambombas jerezanas, de la que hemos hablado en nuestra Barbería, rápidamente aparecen muchos recuerdos y vivencias infantiles.

Allí en nuestras humildes casas de vecinos de aquellas Nochebuenas (en Jerez la palabra Navidades llegaría más tarde) aparecen muchas estampas, las cuales no deseo a nadie que las vivan por lo precario de aquellas, por mucho que nos divirtiésemos y compartiésemos todos los vecinos.

En estos tiempos que la sociedad está dominada por las nuevas tecnologías musicales, recordar que con una tinaja de barro, un carrizo y un pellejo de conejo, se realizaban un artilugio de gran resonancia. Era prueba de la aguda inteligencia de tan personas tan poco ilustradas y cómo habían inventado la zambomba.

Curiosamente en aquellas zambombas aun estando en Jerez la poca bebida que se repartía y se tomaba en las mismas era el anís, que ellos llamaban aguardiente.

Esta tradición en las antiguas zambombas jerezanas ha provocado que bucee en aquella costumbre y es curioso que desde el siglo XIX existiesen en Jerez tres fábricas de aguardientes.

Las estrías características de los anisados servían como instrumento casero junto a la propia zambomba o el almirez

Se ha tenido siempre la idea que el anís era un licor que solo se fabricaba en Chinchón, Cazalla de la Sierra y Rute entre otras ciudades, sin embargo, también en Jerez existiría numerosas fabricas de anís.

Es sabido que el aguardiente o anís se obtiene tras un proceso de destilación. Quizás por eso Jerez llegase a tener hasta cerca de más de cincuenta fabricas de aguardientes. Aunque debo aclarar que algunas de las marcas pertenecían a las bodegas más importantes.

Citar todas las marcas sería muy complicado. Sí recuerdo aquellos aromas cuando pasaba de crio por la calle Pajarete, donde Domecq tenía sus destilaciones de su anís, Domecq dulce y seco. Pasaba igual en las calles de Jerez en Vendimia con los aromas de los nuevos mostos. Así, por algunas calles de la Albarizuela olía a aguardiente y al licor Crema de Lima que también fabricaban en tan bodeguera calle.

Como las economías de aquellos vecinos eran tan débiles, el aguardiente que se repartía en las zambombas se compraba en la célebre Casa Bartolo (Bartolomé Barroso Carrillo) que tenía su fábrica en la calle Granados.

Habrá que decir que el aguardiente de Bartolo era tan famoso, porque existía las costumbres en las clases populares beberlo durante todo el año, porque además de ser de gran calidad, era muy barato.

En los últimos tiempos al igual que las zambombas han evolucionado con guitarras, y cajones, y se beben otros bibitrajos, en vez de aguardiente. Por ello resulta curioso que se suelen usar las botellas de anís, que son de cristal rallado, las que se usan actualmente en las zambombas como instrumentos de acompañamiento de las coplas de Nochebuena.

Casi todas las tradiciones navideñas han cambiado y se han perdido muchas, entre ellas: lo buenos que estaban los pestiños con una copita de aguardiente.

José Castaño Rubiales


Este artículo está patrocinado a beneficio de la acción solidaria de La Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez “El Pan de los Pobres” por la empresa

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Publicado por obisporafaelbellido

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