Curiosas historias: “Las otras ferias de Jerez” (II)

Mientras duraron las antiguas ferias de ganados, a las que me refería en la primera parte de “Otras ferias de Jerez” existían en el mismo parque jerezano otras dos ferias a la vez, las cuales tenían marcadas diferencias sociales. (Antigua foto panorámica del Parque González Hontoria por Pepe Salas)

La feria de los pobres, solo iban un día, los sábados por las noches, con la parienta y la prole, portando las extraordinarias viandas, una tortilla, unos filetes empanados y pimientos fritos, y en las casetas (más bien empalizadas) donde solo vendían vinos y gaseosas de Bustillo para los niños.

Estas pobrísimas casetas, decoradas sin lujos algunos, solo con carteles de toros, cuatros botas de vino, de donde servían a los clientes, las mujeres no bebían vino porque estaba muy mal visto. Las casetas, cuarenta o cincuentas, estaban situadas por toda la parte delantera de donde por las mañanas se celebraban la feria de ganado.

Cuando estas familias daban por terminadas las viandas daban un paseo para ver las casetas que era lo tradicional, hasta que harto de escuchar a sus niños, se veían obligados a montarlos en los cuatros “cacharritos” que entonces acudían al ferial. Como las economías eran muy débiles, con una vueltecita en los cochecitos, en las cunitas de Mariano, y hasta la feria del año siguiente.

Aquellas ferias para la juventud solo les ofrecían el aliciente de acudir por las noches a las dos o tres casetas de los suboficiales del ejército, donde resultaba muy difíciles de acceder, porque a las pocas jóvenes que sus padres les permitían que fuesen con las amigas a la feria, eso si antes de las doce tenían que estar de vuelta, porque las que lo hacían más tarde, inmediatamente eran tomadas por “ligeras de casco” o “ligonas” y en ocasiones acusaciones más graves.

No era extraño que alrededor de las citadas casetas, se diese cita la juventud de ambos sexos, tenían pocas oportunidades para encontrarse, lo que significaban para ambos unas ferias divertidísimas. Si las jóvenes se dejaban acompañar hasta las proximidades de sus casas, entonces para aquellos jóvenes fueron unas ferias inolvidables.

Como habrán podido comprobar aquellas eran unas ferias, que en la actualidad, comparándola con las que venimos disfrutando, apenas si solo coinciden en las fechas que se celebraban, porque vivir unas ferias sin dinero, esas eran otras ferias, por cierto, muy pobres.

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Antigua caseta particular “La Mina” que pertenecía a la Bodega Fernández-Gao.
Feria de Jerez, primera mitad del S.XX. Foto: Fernández Gao Vinos y Brandies

La otra feria era la de los ricos. Esta comprendía la que estaba situada en el paseo principal del parque y donde el arquitecto jerezano don Francisco Hernández Rubio y Gómez (1859-1950) a principio del siglo XX construiría unas casetas (más bien artísticos pabellones) para el ayuntamiento, bodegas, casinos, círculos de labradores, e incluso el ejército que tenía guarnición en Jerez.

Hasta los años 60 del pasado siglo, sus propietarios, socios y algunos invitados no acudían a sus casetas hasta la caída de la noche que era cuando ellos tenían sus cenas, (en esos momentos los criados, que no camareros, echaban los grandes cortinajes para que el público no fisgonease) primero amenizadas por orquestas, y solían cerrar los días de feria, no más de cuatro noches, con el cante y el baile de la tierra a cargos de los muchos gitanos, algunos de ellos eran empleados de los dueños de las casetas.

Debo dejar sentado que eso de los llamados cuadros flamencos es algo moderno, principalmente, porque era muy raro que las mujeres de esta raza actuasen en público.

Por otro lado, en aquella época las sevillanas, excepto en una caseta de la Prevención Andaluza, no se bailaban, principalmente, porque la mayoría de los jerezanos siempre han tenido un especial sentido del ridículo y este baile se les antojaban poco varonil.

Estas ferias motivadas por la situación socio-económica de la mayoría de los españoles, además de muchas más corta, solo se vivían como ya hemos dicho, a las caídas de las tardes-noches, porque excepto los potentados, la clase trabajadora no tenía una economía como para, como últimamente, se viven las ferias de la forma que contaré en mi tercera entrega de estas “otras ferias de Jerez”

Por José Castaño Rubiales

Este artículo está patrocinado a beneficio de la acción solidaria de La Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez “El Pan de los Pobres” por la empresa
MAC MIGUEL ÁNGEL CASTAÑO FOTOGRAFÍA PROFESIONAL

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Publicado por obisporafaelbellido

Web y blog oficial de la Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez de la Frontera (Cádiz). Conocida por "el pan de los pobres"

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