Reflexiones cotidianas: “En la cola del supermercado”

POR PACO ZURITA.- Esta sociedad en la que nos ha tocado vivir parece que está enferma, muy enferma y, lejos de tener cura, da la sensación que su mal avanza de manera irremediable.

Es quizás, nuestra propia naturaleza humana la que nos lleva a parecernos más a nuestros ancestros animales que a aquella criatura con conciencia cívica capaz de renunciar al yo para pensar en los demás. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de esta penosa verdad y, a partir de ahí, hacer una profunda reflexión.

Buscaba afanosamente las razones que nos llevan a comportarnos una y otra vez como verdaderos seres primitivos carentes de valores y escrúpulos cuando encontré la respuesta mientras guardaba cola en una de las cajas de un supermercado.

Como había muchas personas esperando, decidieron abrir más cajas. “Pasen por orden de cola” dijo amablemente el cajero tras quitar la cadena. Esa era la “señal” para que todos a la vez se abalanzaran para aprovecharse de la nueva situación ventajosa. Una joven pareja que acaba de incorporarse a la cola dejó patente sus magníficos reflejos y obtuvo la primera posición. Otra señorita haciéndose la despistada llegó en segundo lugar. Y la anciana, que llevaba tiempo esperando y se veía cansada, no pudo reaccionar a tiempo para ocupar el turno, que en justicia, le correspondía. Y yo pensé ¡¡Qué poca vergüenza!!. Puro y exacerbado egoísmo cultivado en las escuelas y en muchas familias de nuestro avanzado mundo de hoy.

Es la máxima que guía a nuestra sociedad, un egoísmo hipertrofiado y reverenciado que hace que los demás no importen siempre y cuando consigamos nuestros propósitos y metas; ese era el virus que causa la enfermedad para la que yo buscaba explicaciones.

El joven que no se levanta del asiento del autobús cuando hay ancianos de pie. El que tira desperdicios al suelo habiendo papeleras cerca. El que no recoge los excrementos del perro en medio de la calle, el que no deja una tarjeta en el parabrisas del coche que acaba de arañar, el que se cuela por el arcén para adelantar a los demás para ganar unos metros. Todos ellos aquejados de ese virus que sólo tiene un remedio; EDUCACIÓN.

Deberíamos pensar más en educar a nuestros hijos en valores que pongan en primer lugar a los demás y que no piensen tanto en ellos mismos. Algún día, si Dios quiere, estaremos en el lugar de esa anciana del carro. De nosotros depende que nos respetemos a nosotros mismos. Quizás entonces tengamos una sociedad más justa, más solidaria y más sana que la que nos ha tocado vivir.

Por Francisco José Zurita Martín

Este artículo está patrocinado a beneficio de la acción solidaria de La Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez “El Pan de los Pobres” por la empresa

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