Aquellos bocadillos de mortadela en los tiempos difíciles

POR FRANCISCO ZURITA.- Hoy en el banco me contaba un buen amigo mío, jubilado hace ya varios años, una de esas anécdotas que no me dejan indiferente. (Foto: de la web los replicantes)

Entre Larga, Caracuel y Rosario había un taller mecánico que regentaba el padre de mi amigo. Por aquel entonces, en el que Jerez se empezaba a quitar el hambre de la posguerra, Juan contaba con doce años y, sin dejar de estudiar, empezó de aprendiz en el taller de su padre. El trabajo era duro, la jornada larga, el jornal pequeño y las ilusiones muchas…

Entre los cuarenta y tres operarios del negocio, se encontraba un oficial encargado que, de tanto asomarse al patio trasero del taller, cayó enamorado de una muchacha que vivía en la segunda planta de la casa vecina. Cada vez que el encargado se daba una vueltecita por el patio a recoger alguna que otra tuerca necesaria para los motores, se le fueron aflojando los tornillos del amor a la muchacha y no tardó en cuajar algo más que una amistad.

La amistad se convirtió en noviazgo y la buena mujer, que no andaba mal de perras, le preparaba todos los días un buen bocadillo a su novio para que no le fallaran las fuerzas.

Llegada la hora del refrigerio, por aquello de la jerarquía, el encargado enviaba a mi amigo Juanito a casa de la novia a recoger el bocadillo que también se llevaba su premio por “el trabajo bien hecho”.

Al llegar a la casa de la señorita, se repetía el mismo rito con la misma frase; le entregaba a Juanito los dos bocadillos, forrados en papel de estraza, recalcando y señalando bien con el dedo índice; “Éste para Manolo y éste para ti”.

Mi amigo que sólo tenía doce años pero ni un pelo de tonto, no dudó en averiguar el porqué de tanta insistencia y, tras abrir cuidadosamente el delicado envoltorio, desentrañó el misterio percatándose de que el amor se paga con jamón y el favorcito del porte con mortadela.

Así, durante tres meses, el encargado se zampaba la mortadela y mi amigo unos deliciosos bocadillos de jamón.

Pero un buen día, tras el desayuno, la novia le preguntó al encargado desde la ventana del patio; ¿Manolo, te está gustando más este jamón, que lo estoy comprando en el nuevo ultramarinos?.

Mi amigo, que andaba faenando no muy lejos, se sonrió sabiendo que se le había acabado el chollo pero, con la misma sonrisa de entonces, hoy mismo me confesó; “Hasta se me rizaron los pelos de la grasita del jamón”.

Es la picaresca de esa generación, forjada en el esfuerzo, en el sacrificio y en las privaciones de esa época tan dura, la que me llena de admiración y agradecimiento por haber proporcionado a las venideras una vida mejor.

FRANCISCO JOSÉ ZURITA MARTÍN


Este artículo está patrocinado a beneficio de la acción solidaria de La Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez “El Pan de los Pobres” por la empresa

MAC MIGUEL ÁNGEL CASTAÑO FOTOGRAFÍA PROFESIONAL

miguelangelcastañoalbatros

Consulta en el siguiente enlace todos los servicios de esta empresa jerezana:

http://www.albatrosfoto.com/

Publicado por obisporafaelbellido

Web y blog oficial de la Asociación Obispo Rafael Bellido Caro de Jerez de la Frontera (Cádiz). Conocida por "el pan de los pobres"

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: